La insoportable presión de una apariencia irreal
La violencia estética establece estándares de belleza rancios, recrudece cuando el calor aprieta y nos hace chorrear de transpiración. Pega sobre todo a mujeres y disidencias. Y en tiempos libertarios pega más fuerte. por Jesica Farias. Apenas me siento para encarar esta nota en estas épocas que parecen distópicas, pero que son bien reales, y tan mezquinas de derechos, me encuentro con un dibujo de Ro Ferrer, ilustradora y artivista feminista, muy a tono con este artículo. En la imagen se ve a una mujer en bikini frente al espejo (Leer más…)
Darse cuenta y qué hacer
por Rafael Gómez Lo primero es “darse cuenta”. Abrir los ojos y ver claramente lo que tenemos enfrente. Despejar la confusión. Casi nunca la situación es clara, pero a veces ocurre algo extraordinario que no podemos dejar de mirar. Entonces detenemos los algoritmos que nos entretienen y mantenemos los ojos abiertos, porque intuimos que estamos ante una revelación. Algo que nos concierne a todos y es capaz de afectar nuestra vida para siempre. Algo muy fuerte que puede pasarnos o que ya está pasándonos, nos alerta el instinto de supervivencia. (Leer más…)
Relatos Indómitos
La mamá de Tita por Marta García Al principio no hacía cosas que hace una órbita, pero fue aprendiendo. Su nombre tampoco era el de una órbita: Tita. Cuando cumplió quince años en aquel mundo con comportamiento de barrio pendenciero, nosotras éramos demasiado chiquitas como para entenderlo. Los meteoritos del barrio se unieron en esquinas patoteras y aprendieron a ser insoportables, sobre todo con ella. Pero Tita tenía una mamá tan luminosa como Alfa Centauro y los encandilaba. Armada con una bomba neutrónica con melena de escoba, los corría sin (Leer más…)
Maleducados: la crueldad con diploma
Renata Salecl le pone teoría a lo que ya sentimos en la piel: en la era del “ganador se lleva todo”, la grosería cotiza, el éxito se actúa y la empatía queda como un lujo para gente que todavía no aprendió a “venderse”. por Melina Schweizer Hay épocas que no se explican: se padecen. Y se padecen, sobre todo, en el lenguaje. En esa frontera donde la política deja de argumentar y empieza a escupir; donde el trabajo deja de organizarse y empieza a humillar; donde la escuela deja de (Leer más…)
