Malvinas y el controvertido discurso oficial

El discurso del presidente Javier Milei, pronunciado este 2 de abril durante la conmemoración del inicio de la Guerra de Malvinas, generó un intenso debate sobre la soberanía argentina en las islas y diversas interpretaciones sobre su enfoque en esta cuestión clave de la identidad nacional.

por Cristina Peña

Una reducida comitiva oficial rindió homenaje a los caídos en la Guerra de las Malvinas en la Plaza San Martín, este miércoles. La ausencia de Victoria Villarruel, atribuida a su postura política, alimentó especulaciones sobre el clima político en torno a la ceremonia. Frente al cenotafio, el discurso poco fluido del presidente Milei evidenció tanto su dificultad para expresarse con claridad como la persistente polarización social argentina respecto a la historia del conflicto.
Los escasos siete minutos durante los que habló Milei fueron suficientes para exasperar a los pocos acólitos presentes y para desencadenar una serie de reacciones adversas de distintos sectores de la vida política e intelectual del país. Lo que algunos señalan como un marcado «cipayismo» discursivo estuvo acompañado de la reivindicación de las Fuerzas Armadas, cómplices de la dictadura cívico-militar-eclesiástica, ofendiendo a las víctimas y familiares.
Igualmente controvertido fue su mensaje sobre la rendición de cuentas por la derrota en las islas, obviando la responsabilidad de los altos mandos y transformando un acto de memoria en una glorificación, en lugar de una reflexión sobre el costo generacional de la guerra. Al concluir el discurso, la melodía de la «Marcha de las Malvinas» llenó el ambiente, pero la escena se tornó casi cómica al ver a los funcionarios incómodos, gesticulando para recordar la letra. Los evidentes esfuerzos de la transmisión oficial por evitar enfocar al Gabinete delataron el palpable nerviosismo general.
No cabe duda de que el acto en la Plaza San Martín es apenas el microcosmos del actual debate sobre memoria, guerra e identidad nacional. En un país donde el pasado todavía inflama pasiones, el homenaje a los caídos en Malvinas se complejiza bajo un gobierno con una visión histórica divergente, cuyo entendimiento de la historia se opone considerablemente a las narrativas consensuadas.
En un nuevo guiño al imperialismo, Milei manifestó que su sueño era que ‘los malvinenses quieran ser argentinos’. Para el exlegislador porteño de izquierda Gabriel Solano, esta somnolienta afirmación equivale a una renuncia tácita a la soberanía del país. «Colocar la cuestión de la soberanía en manos de los kelpers es alimentar la narrativa del imperialismo británico, que siempre ha justificado su ocupación de las islas bajo el eufemismo de la autodeterminación de la población ocupante», advirtió.
La historia detrás de las Malvinas es compleja, entrelazada con la memoria de la guerra de 1982 y la lucha incesante por este archipiélago estratégico en el Atlántico Sur. El discurso de Milei no solo se sitúa en un contexto de renegociación económica con el Fondo Monetario Internacional, sino que también revela un cambio de enfoque en la política exterior argentina. «La postura del presidente, percibida como favorable a los intereses británicos, genera preocupación por contravenir los principios de autodeterminación de la ONU, que considera a los kelpers una población implantada», expresó Solano, que no escatimó en advertir que este tipo de declaraciones podría llevar al presidente a enfrentar un juicio político por violar su mandato constitucional respecto a la soberanía territorial. «Renunciar a la soberanía territorial de su propio país es uno de los peores delitos que puede cometer un presidente», señaló el dirigente.
La alocución de Milei generó controversia tanto por su contenido como por su presentación. Su viaje a Estados Unidos el 2 de abril, en lugar de conmemorar la causa Malvinas, exacerbó la indignación. La imagen de un presidente argentino buscando recursos ante Trump, percibida como una sumisión, se interpretó como una política exterior que prioriza lo económico sobre la soberanía. Este choque entre las ambiciones de Milei y el sentimiento nacional por las Malvinas revela la polarización de la política argentina, oscilando entre la admiración por figuras como Thatcher y la defensa de la soberanía, tensiones que podrían definir el futuro del país. Para Solano, las referencias de Milei sobre las islas Malvinas, más allá de un llamado a la reconciliación, «exponen una clara fractura entre sus intenciones y la valoración que el pueblo argentino otorga a su historia y soberanía».

Este tema seguirá generando debate, entrelazando política interna y memoria colectiva. El sociólogo y politólogo Atilio Borón criticó duramente el discurso de Javier Milei sobre Malvinas en el 43º aniversario de la ocupación argentina, calificándolo de «vergonzoso». También consideró una «aberración diplomática» la validación implícita que esbozó Milei sobre el derecho de autodeterminación de los malvinenses. Señalando que con esta acción ignora la integridad territorial argentina, para favorecer a una población impuesta por el colonialismo británico. En este sentido, cuestionó el desconocimiento de Milei en materia de economía y relaciones internacionales. Como también el desprecio del mandatario argentino por el interés nacional frente a la ocupación inglesa. Por último, lamentó el carácter insulso del acto, marcado por la ausencia de excombatientes, los verdaderos héroes de la soberanía.

La abogada y diputada de izquierda Myriam Bregman apuntó a la trama que tuvo la logística de esta nueva conmemoración de la Guerra de Malvinas. Esbozó que el acto oficial se realizó en un horario en el que el presidente estaba tan dormido que no podía ni leer ni articular palabra en forma coherente. Para la dirigente política, la confusión en su uso del lenguaje resultó especialmente llamativa y explica las razones por las que el mandatario viene criticando el lenguaje inclusivo. Frases como «las inversiones necesarios» se convirtieron en tropiezos evidentes en su oratoria, dejando entrever que aún no ha dominado las reglas básicas del uso del masculino y femenino en español», esbozó Bregman y se preguntó luego: «¿cómo puede dirigir un país si no comprende su propio idioma?»
Otro de los puntos controvertidos del discurso presidencial fue la mención sobre los kelpers, es decir, los habitantes de las Islas Malvinas. «El Presidente afirmó que esperará a que ellos ‘elijan ser argentinos’ gracias a ‘los enormes logros’ que su gobierno promete alcanzar». Para Bregman, esta declaración revela una absoluta falta de comprensión sobre el contexto histórico y político de esa región. «La situación de los kelpers no es simplemente una cuestión de elección o preferencia, sino que está arraigada en la complejidad del colonialismo. Los kelpers, como descendientes de una política de colonización británica, han sido despojados de su historia y su identidad. Defender la idea de que su conformidad con la Argentina dependería de los logros del presente es ignorar las realidades de un legado colonial que persiste», finalizó.

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